¿QUÉ ES LITURGIA?
La liturgia es el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo en su Iglesia, a través de signos sensibles, con los que el ser humano da gloria a Dios y se santifica en comunidad.
EJERCICIO: Significa vida, movimiento, cambio. en la definición que tenemos, quiere decir que es la actualización del amor de Dios a favor de la Iglesia y de todo lo creado.
SACERDOCIO DE CRISTO: Jesucristo es el único y Eterno Sacerdote, quien nos participa de su Sacerdocio a través del bautismo.
IGLESIA: La Iglesia es el nuevo pueblo de Dios que peregrina en este mundo.
SIGNOS SENSIBLES: El signo es una realidad que conozco por mis sentidos y que me lleva a entender otra realidad que no estoy captando por mis sentidos. Los signos litúrgicos, que son signos sensibles, me llevan a entender realidades de Dios en el campo de la fe.
DAR GLORIA Y SANTIFICARNOS: Estos son los dos fines de la Liturgia. Para darle gloria a Dios lo reconocemos como nuestro Padre y lo adoramos, descubrimos que nos da muchas bendiciones y le damos gracias, reconocemos nuestros pecados y le pedimos perdón.
Al relacionarnos con Jesús en la Liturgia, nos santificamos porque nos unimos al que es todo Santo y nos regala su espíritu.
La Eucaristía es la Liturgia por excelencia, por tal motivo queremos centrar nuestra atención en la Celebración Eucarística.
La “Celebración Eucarística” o “Santa Misa, es un sacramento admirable porque en él recibimos a Jesucristo mismo hecho alimento. Sí, quiso quedarse en medio de nosotros bajo las especies de pan y vino consagrados para la salvación de la humanidad. Por eso necesitamos conocerlo para apreciarlo, celebrarlo y recibirlo.
Nos podemos preguntar ¿Por qué debo comulgar? Debemos comulgar porque en la comunión se aumenta nuestra unión íntima con Jesucristo y esta unión nos purifica del pecado y nos fortalece para evitar cometer más pecados.
Cuando comulgamos nos unimos a Cristo y en Él a todos los bautizados, es decir nos unimos a toda la Iglesia que es la encargada de continuar su misión en el mundo.
Para tener una participación plena, consciente y activa en la Celebración Eucarística, es necesario conocer su estructura, el por qué se está de pie, sentados o arrodillados; por qué el Sacerdote se viste de colores distintos; qué son los vasos sagrados, las vestiduras, etc.
ACCIONES, GESTOS Y MOVIMIENTOS EN LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA.
Todos los seres humanos estamos formados de alma y cuerpo, nos comunicamos con los demás y con el mundo por medio de nuestro cuerpo. También en nuestras relaciones con Dios, el gesto, las posturas, el movimiento corporal, son signos.
La Liturgia que es el encuentro con Dios y con los demás, pide también los gestos y posturas corporales. Los gestos usados en la Liturgia son pocos. Los principales son: de pie, sentados, de rodillas, caminar.
DE PIE: Expresa la dignidad de un ser libre, respeto y atención; también expresa tener un espíritu de disponibilidad activa. Por esto es la actitud litúrgica fundamental.
Los antiguos vieron en este gesto, un signo de nuestra unión a la Resurrección de Cristo. La mayor parte de la Santa Misa permanecemos de pie.
SENTADOS: Es la postura que facilita el escuchar cómoda y atentamente al que habla. También es la actitud del que medita.
En la Santa Misa nos sentamos, y durante el salmo, la primera y segunda lectura, durante la homilía que es la explicación que da el Sacerdote de la Palabra de Dios. Durante el ofertorio, es decir, la presentación de las ofrendas y después de comulgar.
DE RODILLAS: Es signo de humildad y pequeñez. El gesto de arrodillarse fue entendido primitivamente como gasto penitencial y, por lo mismo, fue prohibido en domingo por ser un día festivo.
Ahora expresa y favorece la oración recogida e intensa, sigue siendo expresión de oración individual, por eso solo está prescrito para momentos especiales de oración silenciosa.
En la Santa Misa nos ponemos de rodillas solamente en el momento de la consagración, es decir, en el momento en que el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y Sangre de Cristo, Nuestro Señor.
CAMINAR: En las Celebraciones litúrgicas también tenemos, como signo expresivo, el caminar, el ir de un lugar a otro, por ejemplo las procesiones. Este ir es siempre significativo, expresa al nuevo pueblo de Dios, que camina a la Jerusalén celestial.
OTROS GESTOS: Hay muchos otros gestos significativos: el extender los brazos cuando el Sacerdote que preside la Santa Misa se dirige a la asamblea, el gesto de oración levantando las manos hacia Dios, el imponer las manos sobre personas o cosas, el saludo mutuo, el tomarse de las manos, el golpearse el pecho, etc.
Todos estos los utilizamos también en la Santa Misa y son para expresar algo interior, pero debemos tener en cuenta que deben ser en el momento oportuno. Por ejemplo el tomarse de las manos expresa unidad; esto lo podemos hacer en un momento oracional, como es el Padre Nuestro.
LOS VASOS SAGRADOS
La última cena de Jesús fue la primera de nosotros los cristianos. Sabemos que Jesús instituyó la Eucaristía y se quiso quedar con nosotros bajo las especies de pan y vino consagrados. Pues bien, la Eucaristía es “Sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual, en el cual se recibe como alimento a Cristo. El Lugar de su celebración se llama presbiterio y allí se encuentra el Altar.
ALTAR: Es la mesa junto a la cual nos reunimos los bautizados para dar gracias a Dios y recibir el cuerpo y la Sangre de Cristo. Se adorna con manteles y sobre él se colocan el cáliz y la patena.
EL CÁLIZ: es una especie de copa muy bien decorada y de material sólido, irrompible y no absorbente porque está destinado a contener el vino que, después de la consagración se convierte en la Sangre de Cristo.
LA PATENA: hace juego en material y estilo con el cáliz, está destinada para colocar la hostia grande que, una vez consagrada, se convierte en el Cuerpo de Cristo.
EL COPÓN: Tiene la forma de una copa grande, por eso se le llama copón, en él se guardan las hostias consagradas para poderle llevar la comunión a los enfermos y se coloca dentro del Sagrario. Siempre hay una lámpara encendida que nos indica la presencia de Jesús Sacramentado.
LA CUSTODIA: su finalidad es enmarcar y proteger la hostia consagrada. Normalmente son en forma de sol y de un material precioso. Se utilizan para exponer al Santísimo Sacramento y para dar la bendición solemne.
VESTIDURAS LITÚRGICAS
En todos los tiempos y en todas las culturas, las vestiduras no han sido solamente una protección contra el clima o un adorno, sino que siempre han sido signo de algo muy propio de cada persona y de la sociedad donde vive.
En la Iglesia que es el Cuerpo de Cristo, no todos los miembros desempeñan el mismo oficio. Los ministerios se manifiestan por las distintas vestiduras que utilizan y son un distintivo propio del oficio que desempeña cada ministro.
Las Vestiduras Sagradas pueden dividirse en tres clases: vestiduras de misa, que son las que llevan los diversos celebrantes de la misa; vestiduras episcopales, las que llevan los obispos y vestiduras generales.
VESTIDURAS DE MISA
LA CASULLA: Es una prenda en forma de manto sin mangas, larga, es la vestidura externa principal que lleva el sacerdote en la misa. En el cuello del sacerdote, bajo la casulla, va una estrecha banda bordada llamada estola. Tanto la casulla como la estola son de color blanco, rojo, verde o morado, dependiendo del Tiempo Litúrgico que se esté viviendo en la Iglesia. La casulla puede estar adornada además con diversos símbolos litúrgicos.
Los diversos colores litúrgicos son signos de los distintos Misterios cristianos que se van celebrando. El color BLANCO se utiliza en el tiempo de Pascua, Navidad y las solemnidades; el MORADO en el tiempo de Adviento, Cuaresma y en las Misas por los difuntos; el ROJO cuando se celebra a un apóstol, a un mártir y en Pentecostés y el VERDE durante el tiempo ordinario, es decir cuando no tenemos alguna celebración en especial.
LA ESTOLA: Es una insignia sacerdotal. Actualmente los diáconos la llevan cruzada, desde el hombro izquierdo hasta el lado derecho de la cintura donde la sujeta. Los Sacerdotes y Obispos la llevan pendiente del cuello y sus extremos caen sobre el pecho. La estola se lleva bajo la casulla y con frecuencia luce una cruz a cada extremo.
EL ALBA: Es una prenda de lino blanco y de corte muy simple que se lleva bajo la estola y la casulla. Desciende hasta los pies y se ajusta a la cintura con un cordón de lino o cíngulo.
DALMÁTICA: Es la vestidura exterior que lleva el diácono, es una prenda ajustada del mismo color y material que la casulla.
ESTRUCTURA DE LA SANTA MISA
En la Santa Misa, el pueblo de Dios es convocado bajo la presidencia del Sacerdote, que representa a la persona de Cristo, para celebrar el “Sacrificio Eucarístico”. En la celebración de la Santa Misa, en la cual se continúa el sacrificio de la cruz, Cristo está realmente presente en la misma asamblea reunida en su nombre, en la persona del ministro, en su palabra y bajo las especies eucarísticas.
La Santa Misa tiene la siguiente estructura: Ritos Iniciales, Liturgia de la Palabra, Liturgia de la Eucaristía y Rito de despedida.
RITOS INICIALES
Los Ritos Iniciales son todos lo que preceden a la Liturgia de la Palabra, es decir, el canto de entrada, el saludo, el acto penitencial, el Señor ten piedad, el Gloria y la oración colecta.
CANTO DE ENTRADA: Comienza desde el momento en que el Sacerdote, con sus ministros, sale hacia el Altar. La finalidad de este canto es abrir la Celebración, acompañar la procesión del celebrante, fomentar la unidad de los que se han congregado e introducirlos en el Misterio del tiempo litúrgico correspondiente o de la festividad del día.
SALUDO AL ALTAR Y AL PUEBLO CONGREGADO: El Sacerdote y los ministros, cuando llegan al Presbiterio, veneran el Altar; para manifestar esta veneración, el Sacerdote besa el Altar.
Terminado el canto de entrada, el Sacerdote y toda la asamblea, hacen la señal de la cruz. A continuación el Sacerdote, por medio de un saludo, manifiesta a la asamblea reunida la presencia del Señor.
ACTO PENITENCIAL: Terminado el saludo, el Sacerdote hace a los fieles una breve introducción a la Misa del día. Después hace una invitación a un acto penitencial, que se realiza cuanto todos rezan el “Yo confieso” y se termina con la absolución del Sacerdote.
SEÑOR TEN PIEDAD: Después del acto penitencial se empieza el Señor ten piedad. Normalmente es un canto con el que los fieles aclaman al Señor y piden su misericordia.
GLORIA: Es un himno muy antiguo con el que la Iglesia congregada en el Espíritu Santo glorifica a Dios Padre y a Jesucristo y le presenta sus súplicas. El Gloria se canta o recita los Domingos fuera del tiempo de Adviento y Cuaresma, en las solemnidades, en las fiestas y en algunas celebraciones especiales.
ORACIÓN COLECTA: A continuación, el sacerdote invita al Pueblo a orar y todos permanecen unos momentos en silencio para hacerse conscientes de estar en la presencia de Dios y formular interiormente sus súplicas. Enseguida el Sacerdote lee la oración colecta.
LITURGIA DE LA PALABRA
Dios habló a muchos hombres desde el inicio de la historia humana. Algunos, guiados por el Espíritu Santo, fueron elegidos para escribir y describir en 46 libros, aquellos eventos, mandamientos, verdades y oraciones que debían dirigir y salvar al pueblo elegido en su camino por el desierto, en sus luchas y también en su exilio. Ante todo deberían preparar la venida de Aquel que, naciendo de la Virgen Santísima, se hizo LA PALABRA DE DIOS, es decir, de Jesucristo, Señor Nuestro.
En el templo, debemos escuchar con mucha reverencia y atención todos los textos del Antiguo y Nuevo Testamento. Son como un faro de verdad infalible, que guía nuestro barquito por el inmenso y movido mar de la vida, al puerto seguro de la eternidad.
Las lecturas de la Santa Misa son también como los alimentos de una mesa por los cuales recibimos nutrición Divina para nuestra alma. Conviene, por medio del misal mensual, leer diariamente en el hogar, la Palabra de Dios que se lee aquel día en todos los templos católicos del mundo. Así el alma no sufre aquella fatal desnutrición que muchos niños y adolescentes padecen, causada por ver exageradamente la televisión o pasarse largas horas en las maquinitas o navegando en internet, ya que esto no les transmite ningún mensaje espiritual de salvación.
Por último, la Palabra de Dios es como una espada. No la debemos leer como si fuera cualquier información, ya que exige decisión. Debe penetrar como semilla Divina en lo más profundo de nuestra alma. Allí debemos oír el “Sígueme” de Jesucristo, tal como aquel hombre llamado Leví, que lo dejó todo cuando el Señor lo llamó y, de ser un hombre egoísta, que cobraba los impuestos, se convirtió en el admirable evangelista San Mateo.
La Liturgia de la Palabra consta de las lecturas tomadas de la Sagrada Escritura, con los cantos que se intercalan, además de la Homilía, el credo y las peticiones. Claro que las lecturas constituyen la parte principal de la Liturgia de la Palabra.
En las lecturas que luego desarrolla la homilía, Dios habla a su pueblo, le descubre el misterio de la Redención y Salvación y le ofrece el alimento espiritual. El mismo Cristo, por su Palabra, se hace presente en medio de los fieles. Esta Palabra Divina la hace suya el pueblo con sus cantos y muestra su adhesión a ella con la Profesión de fe. Una vez nutrido con ella, en la oración universal, hace súplicas por las necesidades de la Iglesia entera y por la salvación de todo el mundo.
La primera lectura de la Misa es muy frecuentemente tomada del Antiguo Testamento. Después de esta lectura, sigue un salmo que es como la reflexión responsorial que ha suscitado la lectura que acaba de hacerse.
En los Domingos y solemnidades, la Misa tiene tres lecturas. La segunda lectura se toma de las cartas de San Pablo, de los demás Apóstoles o del Apocalipsis del Apóstol San Juan.
En la Liturgia de la Palabra, después de hablarnos Dios por medio de la Ley o los profetas del Antiguo Testamento, después de hablarnos por medio de los Apóstoles, nos habla en su propio Hijo.
Hay una preparación para proclamar el Evangelio y para escucharlo con provecho. Todos nos ponemos de pie y cantamos el “Aleluya” que quiere decir “Alabad al Señor”, saludamos con gran alegría espiritual a Cristo Resucitado presente en medio de nosotros, ya que el libro del Evangelio es signo visible de su presencia invisible. En la Cuaresma, en lugar del “Aleluya” se dice “Honor y gloria a ti, Señor Jesús”.
El Evangelio se proclama y se escucha de pie, como indicando la reverencia que nos merece la Palabra de Cristo y nuestra prontitud en seguirla.
LA HOMILÍA: Escuchando con reverencia la Palabra de Dios, que Cristo nos ha anunciado en su Evangelio, es conveniente una pausa o silencio para meditarla.
Homilía quiere decir “Conversación”. En ella el Sacerdote explica a los fieles los misterios de nuestra fe y las normas de vida cristiana. En el Evangelio Dios nos habla por medio de su Hijo y en la homilía nos habla por medio de su Iglesia.
CREDO: El “Credo” o “Profesión de fe” dentro de la Misa es para dar respuesta a la Palabra de Dios oída en las lecturas y en la homilía y traer a la memoria las verdades de nuestra fe y renovar así nuestros compromisos cristianos.
ORACIÓN DE LOS FIELES: Después del credo, las Iglesia nos invita a pedir juntos por toda la humanidad. No debemos pensar solo en nuestras necesidades personales y familiares, sino que debemos tener en cuenta las necesidades de la Iglesia y del mundo entero.
En la Oración Universal pedimos por las necesidades de la Iglesia, por los gobernantes, por la salvación del mundo, por las personas que sufren bajo determinadas dificultades y por la comunidad local.
LITURGIA DE LA EUCARISTÍA 1
En la Liturgia de la Palabra, toda nuestra atención se centra en los lugares desde donde se anuncia la Palabra de Dios, en cambio en la Liturgia de la Eucaristía nuestra mirada se dirige al altar porque es el lugar más sagrado e importante en los templos católicos. Por eso ocupa el lugar principal y tiene una triple función sagrada:
1.- El altar recibe las ofrendas que nosotros aportamos como acto de agradecimiento y como signo de nuestra entrega total.
2.- Es el único lugar donde se ofrece a Dios el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Él mismo se ofrece por manos de su Iglesia como Cordero de Dios.
3.- El altar es la mesa de la cual recibimos el alimento más precioso e indispensable para nuestro crecimiento espiritual.
El altar es lugar de intercambio sagrado entre Dios y nosotros, entre el más Santo y único Bueno y el ser humano pecador. Al acercarnos al altar debemos sentir una gran reverencia y santo respeto por Dios.
En la preparación de las ofrendas se presentan en el altar el pan, el vino y el agua; es decir, los mismos elementos que Cristo tomó en sus manos.
Estos dones, frutos de la tierra, es decir, dones de Dios, pero también frutos del trabajo del hombre, expresan toda nuestra disponibilidad; todo lo que somos y tenemos lo ponemos a disposición de Dios para que nos lo transforme, junto con Cristo en alabanza perfecta y en salvación. Esto lo hace el Padre, cuando por el don del Espíritu Santo nos identifica con su propio Hijo.
Se puede añadir un copón, es decir, un cáliz o copa que contiene las hostias que serán consagradas. Allí va también la hostia grande, que es la que el Sacerdote levanta en el momento de la Consagración.
El dinero y otros dones que los fieles aportan para los pobres o para la Iglesia, se consideran también como ofrendas; por eso se colocan en un lugar apropiado, cerca del altar.
LITURGIA DE LA EUCARISTÍA II
El canto de ofertorio acompaña la procesión de las ofrendas, este se alarga por lo menos hasta que las ofrendas han sido depositas sobre el altar.
Después de haber ofrecido el vino y el pan, el Sacerdote se lava las manos, pidiendo a Dios la purificación de toda culpa y de todos sus pecados.
Todas las oraciones de la Santa Misa son de gran importancia. Las debemos escuchar con atención y meditar porque nos hablan de nuestra dignidad y también de nuestra responsabilidad por participar en el Sagrado Banquete.
Terminada la colocación de las ofrendas y concluidos los ritos que la acompañan se concluye la preparación de los dones, con una invitación a orar juntamente con el Sacerdote, y con la fórmula llamada “oración sobre las ofrendas”.
Comienza ahora la Oración Eucarística, que es el punto central y el momento culminante de toda la celebración; es una plegaria de acción de gracias y de santificación.
El Sacerdote invita a los fieles a levantar el corazón hacia Dios y a darle gracias a través de la oración que él, en nombre de toda la comunidad, va a dirigir al Padre por medio de Jesucristo.
Levantar el corazón significa elevar todo nuestro ser, sentir alegría porque el Señor se va a hacer presente entre nosotros en el momento más sagrado de la Santa Misa.
El sentido de esta oración es que toda la congregación de los fieles se una con Cristo en el reconocimiento de las grandezas de Dios y el la oblación del sacrificio.
La Plegaria Eucarística exige que todos la escuchen con reverencia y en silencio, y que tomen parte en ella por medio de las aclamaciones previstas en el mismo rito.
RITO DE LA COMUNIÓN
La Comunión es parte integrante de la Misa. Ya que la Celebración Eucarística es la “Fiesta de los cristianos”, conviene que todos los participantes comulguen.
El Rito de Comunión comprende: El Padre Nuestro, Rito de la Paz, Acto de La Fracción del Pan, Inmixtión o mezcla, Cordero de Dios, Preparación privada del Sacerdote para comulgar, Muestra a los fieles de la Sagrada Forma (Adoración), Comunión del Sacerdote, Canto de la Comunión, Comunión de los Fieles y Adoración después de la Comunión.
EL PADRE NUESTRO: En él se pide el pan cotidiano, que es también para los cristianos como una figura del pan eucarístico, y se implora la purificación de los pecados. El Sacerdote invita a orar y los fieles dicen, todos a una con el Sacerdote la oración.
RITO DE LA PAZ: Los fieles imploran la paz y la unidad para la Iglesia y toda la familia humana y se expresan mutuamente la caridad, antes de participar de un mismo pan. En México expresamos este signo con un saludo.
EL ACTO DE LA FRACCIÓN DEL PAN: Los judíos, al usar el pan ázimo (pan sin levadura), no lo partían; lo rompían y fraccionaban. También Jesús lo rompió en la Última Cena y la Iglesia siguió usando la Fracción del Pan que dio nombre a la Eucaristía.
INMIXTIÓN O MEZCLA: Se llama inmixtión o mezcla al acto que realiza el Sacerdote de colocar un trozo de la hostia consagrada en el cáliz con el vino.
CORDERO DE DIOS: Mientras se hace la fracción del pan y la mezcla, el coro y el pueblo cantan en Cordero de Dios o lo dicen al menos en voz alta. Se concluye con las palabras “Danos la paz”.
RITO DE LA COMUNIÓN II
Este mes continuaremos conociendo lo que comprende el Rito de la Comunión. En el número anterior mencionamos que El Rito de Comunión comprende: El Padre Nuestro, Rito de la Paz, Acto de La Fracción del Pan, Inmixtión o mezcla, Cordero de Dios, Preparación privada del Sacerdote para comulgar, Muestra a los fieles de la Sagrada Forma (Adoración), Comunión del Sacerdote, Canto de la Comunión, Comunión de los Fieles y Adoración después de la Comunión.
Continuaremos ahora con la “Preparación privada del Sacerdote para comulgar”. Durante la Celebración de la Santa Misa, sin duda, hemos observado que el Sacerdote hace algunas oraciones en silencio. Pues para recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo, el Sacerdote se prepara con una oración privada y todos los fieles hacemos lo mismo orando en silencio.
Luego el Sacerdote muestra a los fieles el Pan Eucarístico que recibirán en la Comunión y los invita al Banquete de Cristo con las palabras: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, dichosos los invitados a la Cena del Señor”; los fieles, con humildad responden: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una Palabra tuya bastará para sanarme”.
Es muy de desear que todos los que participan en la Santa Misa reciban la comunión. No comulgamos por ser buenos católicos; al contrario, comulgamos porque necesitamos la fortaleza para no caer en el pecado y para salir adelante cumpliendo con nuestros compromisos cristianos y misioneros.
Mientras el Sacerdote y los fieles reciben el Sacramento, se entona el canto de Comunión; este canto debe expresar, por la unión de voces, la unión espiritual de quienes están comulgando, demostrar al mismo tiempo la alegría del corazón y hacer más fraternal la procesión de los que van avanzando para recibir el Cuerpo de Cristo.
El canto se comienza cuando comulga el Sacerdote, y se prolonga mientras comulgan los fieles hasta el momento que parezca oportuno. Si no hay canto en la Celebración, se puede rezar la antífona de la Comunión que viene en el Misal .
Cuando se termina de distribuir la Comunión, el Sacerdote y los fieles, según lo permita el tiempo, pueden orar unos momentos en silencio, o también se puede entonar un Himno, salmo o canto de alabanza.
En la oración después de la Comunión, el Sacerdote ruega porque se obtengan los frutos del Misterio celebrado y el pueblo hace suya esta oración con la aclamación “Amén”, pero no solo con la boca debemos proclamar esta palabra sagrada que quiere decir: “Así sea”, “Así lo creo”, sino también con el corazón, convencidos de que real y verdaderamente recibimos el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
RITO DE CONCLUSIÓN
La Santa Misa termina con el saludo y bendición del Sacerdote y, posteriormente la despedida. El Sacerdote, extendiendo las manos, saluda al pueblo, mientras dice: “El Señor esté con ustedes”; a lo que el pueblo contesta: “Y con tu espíritu”. Enseguida prosigue el Celebrante: “La bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.
El Sacerdote, cuando bendice, acompaña con la señal de la cruz el deseo de todo bien sobre la asamblea. Bendecir significa: “decir bien”, “desear bien”. Y acompaña este deseo de bendición con la señal de la cruz.
Termina la Santa Misa en el Templo con la bendición de las tres Personas Divinas, a las cuales hemos sido consagrados desde el día de nuestro bautismo. Desde la eternidad, Dios elige a todos los seres humanos y los bendice.
Con una buena disposición debemos recibir la bendición y llevar, durante toda la semana, la paz de Cristo a nuestros hermanos, especialmente a los que se han alejado de Dios.
El Sacerdote dice un saludo final, por ejemplo: “Vayamos en paz a servir a Dios y a nuestros hermanos” y todos contestan: “Demos gracias a Dios”.
También esta última contestación litúrgica es un compromiso. Siempre y en todo lugar debemos dar gracias a Dios por los favores y bendiciones, y especialmente por el don más grande que es la Santa Misa y la Santísima Eucaristía donde Jesús se queda presente en medio de nosotros por medio de la hostia consagrada.
María de Jesús Jiménez Ortiz