La República de Platón trata diversos temas filosóficos muy importantes, uno de ellos es sobre la justicia. En primer lugar se define como: “Dar a cada cual aquello que se le debe”. Sin embargo, Sócrates afirma que, si de eso se trata, entonces el hombre justo debe mal a sus enemigos, pero que nunca es justo hacer daño a nadie, por lo tanto, se debe profundizar más en su significado.
Trasímaco hace una afirmación que parece cierta a los ojos de todos: “La injusticia es más provechosa que la justicia” y fundamenta su argumento asegurando que es mejor ser malvado que hombre de bien, ya que en esta vida el hombre malvado goza de placeres, comodidades y éxito. En cambio, el hombre justo sufre muchos males. Lógicamente, Sócrates no está de acuerdo y refuta esta idea.
Asevera que se le da el nombre de virtud a la justicia y de vicio a la injusticia. De igual forma se considera al justo como hombre hábil y sensato, en cambio, el injusto es tachado de ignorante e inhábil. Por tanto, el alma justa y el hombre justo vivirán bien, y el hombre injusto vivirá mal.
Pero ¿Por qué se dice que el justo sufre muchos males? En el diálogo comentan que si se deja actuar libremente al justo y al injusto, lo que le importa más al malvado es la apariencia, y el justo puede actuar bien por su buena reputación y no por virtud verdadera.
Muchas personas que se dicen honestas, no lo son en realidad, sólo aparentan poseer esta cualidad, pero siempre hacen daño a los otros porque se enriquecen a fuerza de explotar a los más débiles.
De forma contraria y en muchas ocasiones, el justo vive perseguido, con mala fama y sufriendo contrariedades; esto debido a que va contracorriente. Y es verdad, cuando un hombre decide ser honesto consigo mismo y con los demás, inmediatamente encuentra enemigos que no están de acuerdo con su conducta. Quieren, a fuerza de presiones, que viva como ellos. Y si no lo hace, entonces lo perjudican, critican y aplican “la ley del hielo” como mínimo.
Sócrates explica el origen de la justicia: ”Habiéndose dañado los hombres durante largo tiempo unos a otros… estimaron de interés para todos impedir que se hiciese ni recibiese daño alguno. De aquí nacieron las leyes y las convenciones. Se calificó de justo y legítimo lo que fue ordenado por la ley”[1].
De tal forma que aquel que cumple las leyes es justo, y el que las quebranta es injusto. Pero no se trata solamente de guardar o no guardar las leyes porque, como mencioné anteriormente, hay quienes pueden aparentar que cumplen con todo y realmente hacen bastante daño a los demás.
Para esto Sócrates idea un Estado perfecto y, si está bien constituido, debe tener todas las virtudes: la prudencia, el valor, la templanza y la justicia. De esta última afirma que consiste en ocuparse únicamente de los propios asuntos porque es el origen de las tres virtudes: prudencia, valor y templanza, es decir la virtud que concurre con las otras a la perfección de la ciudad. Si sucediera lo contrario, o sea, la usurpación de los derechos del otro, eso es injusticia.
Es requisito también, para vivir la justicia, que las personas siempre hablen y actúen con la verdad porque si una persona es mentirosa introduce en el estado un mal que lo perdería. Esto sucedería si los actos respondiesen a las palabras.
Creo que es muy difícil actuar de forma contraria a lo que se dice, sin embargo no niego que en la actualidad muchas personas poseen tal habilidad para actuar con doblez.
La justicia implica también la práctica del bien “El hombre de bien, cuando su discurso le lleve a referir lo que haya dicho o hecho un hombre semejante a él, se esforzará por representarlo en su persona, y no se ruborizará de semejante imitación, sobre todo cuando ésta tenga por objeto pintar a aquel hombre en situación en que dé muestras de cordura y de firmeza…”[2].
Confirman que la justicia consiste en que cada una de las facultades cumpla en el alma y en el individuo con la función que la ha sido asignada. La injusticia se deriva del no cumplimiento de las funciones adecuadas y propias.
Trasímaco hace una afirmación que parece cierta a los ojos de todos: “La injusticia es más provechosa que la justicia” y fundamenta su argumento asegurando que es mejor ser malvado que hombre de bien, ya que en esta vida el hombre malvado goza de placeres, comodidades y éxito. En cambio, el hombre justo sufre muchos males. Lógicamente, Sócrates no está de acuerdo y refuta esta idea.
Asevera que se le da el nombre de virtud a la justicia y de vicio a la injusticia. De igual forma se considera al justo como hombre hábil y sensato, en cambio, el injusto es tachado de ignorante e inhábil. Por tanto, el alma justa y el hombre justo vivirán bien, y el hombre injusto vivirá mal.
Pero ¿Por qué se dice que el justo sufre muchos males? En el diálogo comentan que si se deja actuar libremente al justo y al injusto, lo que le importa más al malvado es la apariencia, y el justo puede actuar bien por su buena reputación y no por virtud verdadera.
Muchas personas que se dicen honestas, no lo son en realidad, sólo aparentan poseer esta cualidad, pero siempre hacen daño a los otros porque se enriquecen a fuerza de explotar a los más débiles.
De forma contraria y en muchas ocasiones, el justo vive perseguido, con mala fama y sufriendo contrariedades; esto debido a que va contracorriente. Y es verdad, cuando un hombre decide ser honesto consigo mismo y con los demás, inmediatamente encuentra enemigos que no están de acuerdo con su conducta. Quieren, a fuerza de presiones, que viva como ellos. Y si no lo hace, entonces lo perjudican, critican y aplican “la ley del hielo” como mínimo.
Sócrates explica el origen de la justicia: ”Habiéndose dañado los hombres durante largo tiempo unos a otros… estimaron de interés para todos impedir que se hiciese ni recibiese daño alguno. De aquí nacieron las leyes y las convenciones. Se calificó de justo y legítimo lo que fue ordenado por la ley”[1].
De tal forma que aquel que cumple las leyes es justo, y el que las quebranta es injusto. Pero no se trata solamente de guardar o no guardar las leyes porque, como mencioné anteriormente, hay quienes pueden aparentar que cumplen con todo y realmente hacen bastante daño a los demás.
Para esto Sócrates idea un Estado perfecto y, si está bien constituido, debe tener todas las virtudes: la prudencia, el valor, la templanza y la justicia. De esta última afirma que consiste en ocuparse únicamente de los propios asuntos porque es el origen de las tres virtudes: prudencia, valor y templanza, es decir la virtud que concurre con las otras a la perfección de la ciudad. Si sucediera lo contrario, o sea, la usurpación de los derechos del otro, eso es injusticia.
Es requisito también, para vivir la justicia, que las personas siempre hablen y actúen con la verdad porque si una persona es mentirosa introduce en el estado un mal que lo perdería. Esto sucedería si los actos respondiesen a las palabras.
Creo que es muy difícil actuar de forma contraria a lo que se dice, sin embargo no niego que en la actualidad muchas personas poseen tal habilidad para actuar con doblez.
La justicia implica también la práctica del bien “El hombre de bien, cuando su discurso le lleve a referir lo que haya dicho o hecho un hombre semejante a él, se esforzará por representarlo en su persona, y no se ruborizará de semejante imitación, sobre todo cuando ésta tenga por objeto pintar a aquel hombre en situación en que dé muestras de cordura y de firmeza…”[2].
Confirman que la justicia consiste en que cada una de las facultades cumpla en el alma y en el individuo con la función que la ha sido asignada. La injusticia se deriva del no cumplimiento de las funciones adecuadas y propias.
Por lo tanto, la justicia es armonía y salud del alma, mientras que la injusticia es enfermedad y discordia. Esta es la respuesta al problema con que se había iniciado el diálogo.
Según lo tratado, si no vale la pena vivir cuando el cuerpo está enfermo; menos aún valdrá la pena vivir cuando el alma lo está. Y el alma se considera enferma cuando vive en la injusticia. La obra termina señalando que los justos reciben su recompensa en este mundo, pero le espera el premio definitivo.
Finalmente Sócrates, le pide a Glaucón que le preste atención, reconociendo que el alma es lo bastante fuerte para tolerar todos los bienes y todos los males; sin embargo, guiada por la inteligencia, debe seguir el camino del bien y practicar la justicia “Con esto estaremos en paz con nosotros mismos y con los dioses, y después de haber alcanzado en la tierra el premio destinado a la virtud, semejantes a atletas victoriosos que son llevados en triunfo, seremos felices aquí abajo y durante el viaje de mil años” [3].
Estoy de acuerdo con esta afirmación porque también creo que es mejor vivir de manera justa; siendo honesta conmigo misma podré serlo con mis semejantes. Además, esta forma de vida me permite vivir tranquila y en paz, me fortalece para afrentar las adversidades y me ayuda a vivir realizada en esta vida esperando la consumación de la felicidad en la otra.
Esto pienso actualmente porque hasta la fecha no se me han presentado situaciones trágicas donde me vea entre la espada y la pared. Hago alusión a la película “El lado oscura de la justicia” donde el protagonista no tuvo más opción que ceder e involucrarse en la marcha del sistema en el que se encontraba.
BIBLIOGRAFÍA:
PLATÓN, La República, Editores Mexicanos Unidos, S. A, México, 2006, 390 páginas.
[1] PLATÓN, La República, Editores Mexicanos Unidos, S. A, México, 2006, página 76
[2] Ibid. Página 124.
[3] Ibid, página 390.
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